La energía del corazón orientada a la salud

Cada vez más estudios científicos vienen a reforzar la teoría (y la gran sabiduría ancestral) de que es en el corazón dónde se aloja el secreto de la longevidad y la calidad de vida.

Son muchos los campos científicos que apuntan hacia el Amor como la clave para gozar de una buena salud integral: epidemiología, psicofisiología, psiconeuroinmunología, etc.

Y es que se ha demostrado que es más importante vibrar en el amor a través de unas sanas relaciones sociales, practicar el altruismo, que incluso dejar de fumar o practicar deporte.

Mi recomendación personal es integrarlo todo, por supuesto, pero parece ser que el aislamiento social es un factor de riesgo elevado para la salud humana.

Así lo demuestra el estudio de Alameda County (California), en el que durante 20 años se hizo un seguimiento de 6.928 residentes, y el de Teclimsen (Michigan), en el que se estudiaron 2.574 residentes durante 10 años.

Los estudios se centraron en predecir la calidad y duración de la vida en función de la calidad de los vínculos sociales.

Sorprendentemente, las personas con fuertes lazos sociales y hábitos de vida no saludables, como llevar una vida sedentaria, tomar alcohol en exceso y tabaco, vivieron más que otras con un estilo de vida saludable, pero con unos vínculos sociales debilitados y sin sostén fuerte de la comunidad.

Esto viene a reforzar la teoría tan nuestra de que no hay mejor terapia que un café o una cerveza con amigos.

Podemos medir la energía del amor en nuestro cuerpo, por cómo se encuentra nuestro estado de salud o la capacidad para enfrentarnos a la enfermedad.

El cómo vivimos las relaciones y vínculos afectivos puede afectar a nuestra salud, empoderando o debilitando nuestro sistema autoinmune.

Cuando sentimos amor, estamos conectados con la alegría de vivir, podemos experimentar el amor incondicional a la vida y todo lo que ella contiene, sin juzgarlo.

En literatura médica se ha llegado a incluir la alegría como factor de mejora de algunas enfermedades.

Cuando se diagnostica una enfermedad muy grave, hay dos actitudes parecidas pero distintas en esencia, asumir el reto de vivir o luchar contra la muerte, la primera nos conecta con una profunda gratitud hacia la vida, y la segunda con una lucha contra algo negativo a lo que hay que vencer.

En bioenergética solemos decir que la enfermedad es una variante de la salud, y además que es una preciosa oportunidad para retomar la vida desde ahí, escuchando el mensaje que nos ha gritado el cuerpo, después de pequeños mensajes que no fuimos capaces de interpretar o haciéndolo, no pudimos atender.

Deseo compartiros mi experiencia de sanación personal, y fue cuando en diciembre de 2013 me diagnosticaron una enfermedad autoinmune, una fascitis eosinofílica, a la que el doctor que me trató, experto en autoinmunes, no le daba ninguna oportunidad de sanación, además de ofrecerme un tratamiento para anular los síntomas que no hubieran hecho más que debilitarme en lugar de empoderarme.

Escuché el grito de mi cuerpo, de mi conciencia, y no sólo no acepté ese tratamiento aniquilador de mis células, sino que integré en mí la sanación como algo posible y alcanzable, me dije, “sé cómo he llegado hasta aquí, ahora sólo hay que deshacer el camino andado, volver a la senda del amor que abandoné”.

Y gran parte de mi sanación se la debo a esa profunda conexión con el amor universal, y con el amor a mí misma, nunca me había amado tanto como en aquel proceso, y lo manifesté recomponiendo unos vínculos afectivos sanos, soltando lastre, amando mi cuerpo a través de los alimentos, recuperando el movimiento consciente, hablando con amor a cada una de mis células, meditando, recuperando el vínculo con el universo, con la naturaleza, amando a cada ser y elemento que la habita.

Fue una lástima que el doctor escribiera en mi expediente “curación espontánea” cuando me ofrecí a compartir con la comunidad médica todas las acciones que acompañaron a mi sanación.

Estoy tan agradecida a esa enfermedad por tanto que me mostró, fue la semilla de algo muy grande que brotó en mí, otra fase del despertar, que se materializó en cambios vitales, en nuevos caminos a explorar, como el de la bioenergética, y nuevos proyectos, como Abrazo Consciente.

El amor es el catalizador de cuantiosos procesos fisiológicos que ejercen un efecto protector  de los riesgos derivados del estrés al que la vida cotidiana que hemos escogido nos somete.

El amor es el productor de la hormona oxitoscina, presente en las madres durante el parto, el pueperio, lactancia, … También presente en todo el torrente sanguíneo de las personas enamoradas, o en estado de amor, así como cuando se practica una actividad que produce gozo o placer.

El amor se pone de manifiesto cuando somos capaces de amar sin juzgar, sin esperar, sin calcular.

Cuando amamos de corazón, somos capaces de amar a todo y todos como a nosotros mismos, pero ¿realmente nos amamos? Amarse contiene aceptación y comprensión. Cuando hay comprensión, no hay juicio. Sin juicio hay perdón. Con el perdón se abre la posibilidad de reconstruir los vínculos de relaciones en las que el amor y la comprensión son el vehículo que nos conecta con el auténtico sentido de la vida.

Cristina González Blanco

Fuente: mi experiencia de vida y Jorge Carvajal, Libro: Por los caminos de la bioenergética

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